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¿Pórticos o prevención? Expertos de la U. de Chile analizan la crisis de violencia escolar tras tragedia en Calama

Académicos advierten que medidas punitivas como los detectores de metales podrían aumentar la sensación de inseguridad y estigmatizar a los estudiantes. Apuntan a que la clave está en reconstruir la convivencia y tratar el trauma colectivo de la comunidad loína.

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Foto: RRSS

El reciente ataque en el Instituto Silva Lezaeta y el apuñalamiento afuera de la Escuela D-54 no solo han levantado alertas policiales, sino también un profundo debate académico. Mientras la nueva Ley de Convivencia permite la instalación de pórticos detectores de metales, especialistas de la Universidad de Chile ponen una nota de cautela: la tecnología no soluciona el quiebre de las relaciones humanas.

Para Alejandra Mohor, investigadora del Centro de Estudios en Seguridad Ciudadana (CESC), la experiencia internacional es clara: los detectores no han reducido los delitos en los colegios. «Estos dispositivos ocupan un lugar como un símbolo que estigmatiza y no contribuye a la reducción de la violencia interna; al contrario, algunos estudios muestran un aumento en la inseguridad percibida por los mismos alumnos», explica.

En la misma línea, el profesor Paulo Barraza, del CIAE, asegura que el foco debe estar en entender por qué un estudiante llega a actuar con violencia. «La violencia es expresión de una historia donde el estudiante no se ha sentido reconocido. Expulsar o etiquetar solo profundiza el problema», señala, invitando a generar espacios de escucha real.

Cómo retomar el camino tras el trauma

¿Qué debe hacer un colegio después de vivir un hecho de violencia extrema? Para el académico Pablo Valdivieso, lo primero es no hacer como si nada hubiera pasado. «El colegio tiene que preparar las condiciones psicosociales para que la comunidad procese el duelo; es fundamental construir espacios seguros en lo afectivo», indica.

Por su parte, el psiquiatra infantil Juan Pablo del Río (DEPSIA), sugiere que para que el colegio vuelva a sentirse «seguro», se debe retomar la rutina lo más pronto posible, pero sin omitir el hecho. «Retomar la estructura da sentido de seguridad, pero siempre acompañados y con una línea comunicacional abierta para evitar rumores».

Los expertos coinciden en que no es que haya «más» violencia por azar, sino que se ha deteriorado la calidad de las relaciones. Cuando un joven no se siente visto ni legitimado, la violencia aparece como un síntumbre de ese quiebre. Por ello, el llamado a las autoridades y sostenedores de la Región de Antofagasta es a no transar el derecho a la seguridad, pero abordarlo desde la formación integral y no solo desde la vigilancia.

 

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