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“Es insoportable”: Vecinos de pasaje Las Chinchillas en Antofagasta denuncian descontrol por taller clandestino y ruidos molestos

Motores rugiendo a toda hora, veredas bloqueadas con herramientas y terrenos convertidos en desarmadurías, que irrumpen la paz de los vecinos, quienes exigen intervención urgente de la Municipalidad y Carabineros ante el descaro de talleres clandestinos que afectan a niños con TEA y adultos mayores.

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Foto: Cedida

Lo que debería ser la tranquilidad de una villa residencial en el sector norte, cerca del Centro Oncológico Norte, se ha transformado en una verdadera «pesadilla mecánica», llevando a los residentes del pasaje Las Chinchillas a denunciar que su barrio ha sido tomado por talleres clandestinos que operan día y noche, transformando las veredas en desarmadurías y los terrenos baldíos en cementerios de autos abandonados.

La situación, según relatan los afectados, ya desbordó cualquier límite de convivencia. Lo que comenzó como arreglos particulares escaló a una operación comercial aparentemente sin permisos, donde se acumulan herramientas, mesones en plena vía pública y vehículos en doble fila que impiden el libre tránsito de los propios vecinos a sus hogares.

La mayor preocupación de la comunidad es la contaminación acústica. Los constantes «tuneos», pruebas de motores y aceleraciones de motos son descritos como «insoportables».

“Meten una bulla constante, están probando los autos una, dos, tres y cuatro veces. Es desgastante. Aquí tenemos adultos mayores, bebés y niños con discapacidad, como síndrome de Down y autismo, que sufren con estos ruidos. Ya no es un tema de ‘buena onda’ entre vecinos, esto se desbordó”, relata una de las denunciantes, quien asegura que el descanso los fines de semana es imposible.

Inseguridad y falta de fiscalización

La denuncia apunta no solo a los ruidos, sino a la apropiación de espacios, ya que un terreno baldío frente a la villa se ha llenado de vehículos desmantelados y «chatarra» que nadie retira. Además, acusan que la seguridad de los niños está en riesgo: “Ningún niño sale a jugar de día por miedo a que los atropellen, porque entran y salen autos desconocidos todo el día. Los niños recién salen en la noche cuando la villa se cierra”.

Respecto a la respuesta de las autoridades, la frustración es evidente. “Fui a Carabineros y me dijeron que no podían hacer nada a menos que los pillaran ‘in situ’ metiendo ruido. Pero uno llama y cuando llegan ya no están acelerando. Necesitamos una fiscalización real de la Municipalidad por el uso de suelo y los talleres ilegales”, sentencian.

A pesar de que algunos vecinos han intentado dialogar, la respuesta suele ser la indiferencia o incluso la prepotencia. “Nos dicen que somos las ‘viejas cuáticas’, pero se trata de respeto. Hay una persona postrada en cama en la esquina que no respetan. Ya estamos cansados de reclamar y no nos da miedo que se publique, porque ya no podemos seguir viviendo así”, finaliza la denuncia ciudadana.

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