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Niño de seis años toca la “campana de esperanza” tras superar tratamiento oncológico en Antofagasta

Rafael Labbé cerró dos años de tratamiento por leucemia linfoblástica aguda en el Hospital Regional. La unidad de Oncología Infantil, referente para la macrozona norte, proyecta recibir cerca de 32 nuevas pacientes durante 2026 y registra una sobrevida superior al 80%.

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Foto: Hospital Regional de Antofagasta

Después de dos años de tratamiento, hospitalizaciones y controles, Rafael Labbé, de seis años, hizo sonar la tradicional campana que marca el término de una etapa para los pacientes de Oncología Infantil del Hospital Regional de Antofagasta. El menor fue diagnosticado en septiembre de 2024 con leucemia linfoblástica aguda y ahora continuará bajo seguimiento médico durante los próximos años.

Su historia se produce en una unidad que durante 2025 recibió 28 nuevos pacientes y que para este año proyecta alrededor de 32 nuevos diagnósticos provenientes de la macrozona norte. El hematooncólogo Benigno Montenegro explicó que la leucemia linfoblástica aguda es el cáncer más frecuente entre menores de 5 años y que, a nivel nacional, la sobrevida libre de eventos a cinco años se aproxima al 80%.

El trabajo del equipo comienza desde el diagnóstico y se extiende incluso después del término de los tratamientos. Médicos, enfermería, psicología, trabajo social, nutrición y rehabilitación forman parte de una atención integral que acompaña a niños, adolescentes y sus familias durante todo el proceso. “Brindamos la atención completa desde el día cero y posteriormente realizamos el seguimiento hasta la adultez”, explicó la enfermera clínica Bernardita Clunes.

Para Gonzalo Labbé, padre de Rafael, la campaña significó mucho más que el cierre de un tratamiento. “Un cáncer infantil no es una enfermedad de un niño, es una enfermedad catastrófica que llega a la familia completa”, señaló, destacando el vínculo construido con los profesionales que acompañaron a su hijo durante estos dos años.

El director del HRA, Pedro Usedo, valoró los resultados alcanzados por la unidad y destacó que detrás de cada tratamiento existe también un acompañamiento humano permanente. Para Rafael, en tanto, comienza ahora una etapa distinta: retomar con mayor normalidad su infancia, sus actividades y la vida familiar, mientras continúa con los controles necesarios tras superar la fase más intensa de su tratamiento.

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